Nuestra Historia

Porque hay muchos caminos para llegar y los más valiosos son cuesta arriba

LA VIDA NO ES FÁCIL

Da Silva nació de una vocación. Eduardo Da Silva, con estudios en administración de empresas turísticas, se dedicaba profesionalmente a diseñar, fabricar y comercializar ropa y zapatos, hasta que la economía mexicana en 1994 provocó que su empresa en expansión, se fuera a la quiebra. Eduardo tenía 40 años de edad, esposa y dos hijos.

Con el apoyo de su familia, Eduardo entró a estudiar cocina a la Universidad Anáhuac, oficio que siempre le había interesado y que ahora, forzado a empezar desde cero, quería intentar como profesión.

 

EL DESCUBRIMIENTO

A los pocos meses, estaba absolutamente apasionado por lo que aprendía y lo que hacía, especialmente con la cocina francesa y su repostería. Un día, su hermana le pidió a Eduardo que le vendiera los postres para su restaurante, porque el proveedor que ella tenía era muy informal. Por supuesto, Eduardo aprovechó la oportunidad y cumplió con el pedido.

Este primer trabajo le dio la oportunidad de identificar varios vacíos de conocimiento que tenía, por lo que tomó un curso especializado sencillo y luego se inscribió con la chef Maricú Ortiz, para aprender en serio.

Eduardo y Paulina, ya tenían claro que su destino era el de abrir formalmente una pastelería.

ENCENDEMOS EL HORNO

La remodelación del local comenzó en noviembre de 1999 y el 17 de marzo del año 2000, Da Silva Panadería Artesanal levantó formalmente la cortina como su primer día de ventas. En ese entonces, se vendían pasteles, galletas y chocolates sin gran éxito, hasta que un buen amigo francés le orientó para que vendiera baguettes y croissants. Así fue como Eduardo comenzó a preparar una variedad de panes artesanales con levadura fresca y masa madre.

Pero la gente no entendía el concepto. La repostería y la panadería francesa no eran muy populares en ese entonces entre los mexicanos y solamente los extranjeros lo apreciaban. Da Silva comenzó a ganar prestigio entre ellos y con los mexicanos que habían viajado a Francia y a sus países vecinos, que Eduardo ni siquiera conocía.

NACE LA MÍSTICA DE LA CALIDAD DA SILVA

Un día, el afán de Eduardo por la excelencia lo motivó a preparar él mismo el pan dulce y el salado, porque su personal en ese entonces definitivamente no lo hacía con la pasión y la entrega suficientes para lograr el producto que él quería vender, porque hacerlo así implicaba mucho trabajo, atención al detalle y un cuidado riguroso de los procesos. Pero para Eduardo, era tan claro como el agua y el esfuerzo que implicaba era un verdadero gusto.

Fue entonces cuando descubrió que había nacido para eso y que el pan y él se entendían en forma natural, como si ya hubiera sido panadero en otra vida.

Da Silva comenzó a hacer fama por su pan, como un panadero autodidacta y muy disciplinado de 1.89 mts. de altura que trabajaba con energía al fondo de su tienda y preparaba la masa a la vista de sus clientes, mientras su esposa le ayudaba en el mostrador y se hacía cargo de las cuentas.

Hoy, el chef Eduardo Da Silva se levanta todos los días a las 3 am para trabajar con sus horneros, supervisar a sus reposteros y asegurar que los productos cumplan con los altos estándares de calidad que él mismo ha establecido. Si llega a faltar un integrante de su equipo, se arremanga y entra en acción, para cumplir la demanda de ocho tiendas y diversos clientes corporativos.